La falta de tiempo y comer sano

Nuestra alimentación es la base de nuestra salud, comer sano significa estar sanos, de ahí esa frase que tanto se escucha de “somos lo que comemos”.

Nuestra alimentación es clave para determinar nuestro estado de salud y para prevenir o potenciar, en función de cómo comamos, multitud de enfermedades. Por eso deberíamos empezar a pensar en cómo comemos.

Los tiempos cambian y con ellos el ritmo de vida de las personas que los viven. Hoy en día, el ritmo de vida ajetreado que lleva la mayoría de gente hace, por ejemplo, que se consuman muchos productos procesados y precocinados. En estos alimentos las grasas trans y los azúcares añadidos se encuentran en altos contenidos, haciendo muy difícil comer sano.

Horarios difíciles, pereza para cocinar, pereza para ir al supermercado… Son muchas las razones por las que hoy en día los alimentos precocinados y procesados se incluyen en nuestra dieta y no somos conscientes de las consecuencias para la salud que pueden acarrear consigo. Son una buena opción para recurrir a ellos de forma esporádica, pero de ninguna manera deberían ser productos habituales en nuestra lista de la compra.

Lo mejor para comer sano es llevar una dieta equilibrada, basada en una alimentación variada, rica en vegetales y frutas, hidratos de carbono, lácteos, y carne y pescado frescos. Todo cocinado con aceite de oliva, base de nuestra dieta mediterránea, que tiene innumerables beneficios, como la gran cantidad de proteínas de alto valor biológico y vitaminas y minerales esenciales para comer sano.

La carne y el pescado frescos son alimentos básicos en la dieta mediterránea, especialmente la carne de cerdo de capa blanca y sus derivados, ya que tiene un contenido muy importante de ácidos grasos monoinsaturados que ayudan a fortalecer el sistema inmunológico, entre otras cosas. 

La teoría está muy bien, todos sabemos que debemos comer sano y más o menos sabemos cómo hacerlo, pero esto no quiere decir que lo hagamos. En muchas ocasiones, nuestro ritmo de vida o nuestras circunstancias particulares hacen que tengamos menos tiempo para dedicar a nuestra alimentación, bien sea a la hora de cocinar o a la hora de ir a hacer la compra.

Hay gente a la que sencillamente no le gusta cocinar, o no se le da bien, o incluso le da pereza. Hay otros que solo tienen tiempo de calentar algo en el microondas, y otros que se ven “obligados” a pasar por los establecimientos de comida rápida. Hay incluso gente a la que le encanta cocinar, pero no tiene tiempo para hacerlo; esto termina haciendo que comer sano sea una tarea casi imposible y que terminemos comiendo siempre lo mismo.

Muchas veces incluso entramos en un círculo vicioso. Un bucle en el que el estrés de nuestro día a día hace que no podamos llevar la alimentación que deberíamos y esto a su vez nos produce más estrés, que a la larga termina repercutiendo en nuestra salud.

En definitiva, nuestra alimentación repercute en nuestra salud, por eso, si queremos estar sanos, debemos comer sano. Por falta de tiempo o de ganas, muchas veces acabamos optando por productos procesados o precocinados porque no vemos otra solución, y esto nos aleja de la dieta mediterránea y, en cierta manera, de nuestra salud.

¿Cuál será entonces la solución para comer sano?